12/08/08: Nota Editorial Agosto - Septiembre
"Ay! —respondió Sancho llorando—. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía."
Don Quijote, 2a parte.
Cap. LXXIV
Don Quijote, 2a parte.
Cap. LXXIV
Por David Gómez
Está muriendo Don Quijote. Muere y ni Sancho puede rescatarlo en su caballito de palabras; muere el gran Don Quijote y vive un poco más el señor Quijano “ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco y ya soy cuerdo”. Renunció a la utopía de enderezar entuertos y rescatar doncellas; Rocinante vuelve a ser solo un caballo viejo y flaco, el fiel escudero vuelve a simple mozo, y del caballero de la triste figura solo queda la tristeza. Renuncia a la aventura y muere.
En el 2007 un grupo de personas que en ese momento apenas podíamos llamarnos conocidos, decidimos jugar a ser viajeros, nos fuimos cuatro meses con la maleta al hombro y la cámara en la mano conociendo gente y conociéndonos a nosotros mismos, cada uno vivió el viaje a su manera y por eso solo puedo hablar de lo que yo viví. Mi travesía fue una apuesta por la locura. Escuché a Sancho y fui a buscar mi mundo raspando los pedacitos de mi identidad en los andenes de sur América. Fueron cuatro meses que viví plenamente, reconociéndome en las alegrías y las tristezas de todas y cada una de las personas que nos cruzamos en el camino, aprendí que el mundo no es ni tan ancho ni tan largo y que solo tenia que gritar y estirar la mano para empezar a sentirlo, aprendí que no somos tan diferentes y que afortunadamente no somos iguales, que en todas partes hay problemas (unos más graves que otros) pero también en todas partes hay Quijotes y Sanchos que quieren seguir soñando. Fueron cuatro meses que viví junto a unas personas que nunca voy a olvidar, soñando con no volver al punto de partida, con la ilusión de que el camino se eternizara y no existiera el retorno, soñé que podía ser feliz para siempre… Pero finalmente a mi también me tumbaron del lomo de Rocinante y tuve que volver a enfrentarme con esta ciudad que cada vez me parece más caníbal… Fui a buscar respuestas y encontré más preguntas.
Ya van 16 meses de vuelta en Ciudad Caníbal, de vuelta a buscar trabajo, de vuelta a escoger una rutina y a seguirla con sonrisas postizas y tinto desganado, a levantarse temprano y acostarse tarde, a la ilusión de ahorrar, de planear para otro día, de soñar con el después, de “pensar en el mañana” y terminar postergándolo todo desde la cama agonizante de Don Quijote con su sobrina, un bachiller y un cura viendo morir la utopía de la aventura. Mi travesía fue un viaje increíble con un final que me niego a creer. Después de empezar a conocer esta esquina del mundo, me siento condenado a sentirme extraño en mi propia ciudad.
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De este viaje, se presenta ahora, el proyecto colectivo Travesía Destinos Ilimitados; “un viaje por experiencias y encuentros con personas que, desde su cotidianidad o su participación política organizada, sostienen los hilos del tejido social latinoamericano y llenan de un sentido totalmente diferente al discurso políticamente correcto de la Diversidad Cultural“. Pienso que mi Travesía personal se parece al viajero de Baudelaire que solo puede amar a las nubes lejanas y aunque parta a buscarlas, nunca terminará de viajar.
El audiovisual que se presenta en esta edición es apenas una pequeña muestra del registro, las reflexiones y miradas de la travesía individual que cada uno de los que realizó el viaje pudo vivir. Aquí están las voces de Iván Castiblanco, Andrea Osorio y David Gómez, integrantes del Colectivo OctoActo que hicieron la Travesía acompañados por: Ángela Leal, Luisa Gómez y Kathy Eslava.
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Realización Colectiva
Además en esta Edición
Graciela Ballesteros que vuelve su mirada hacia el interior de su casa, hacia esos rincones “detrás de las puertas” que a fuerza de ser cotidianos terminan siendo ignorados. Graciela hace un interesante ejercicio de extrañamiento explorando con su cámara las esquinas de su casa, en la búsqueda de “elementos plásticos” acechando tras las puertas entreabiertas.
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Lina María Osorio Villada se lanza al asfalto con ‘La Carretera’, una historia de movimiento, del goce de los hermosos paisajes colombianos, las formas, el cielo, las personas, la vegetación, los animales, el olor de la naturaleza y los colores brillantes emanan desde el horizonte hasta el parabrisas del auto.
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Desde tierras paraguayas llega una historia de visibilidad, de sentido social y solidaridad con los pueblos indígenas del extremo sur de América de quienes poco escuchamos. Con sus fotografías Juan Britos plantea la discusión sobre la situación de desplazamiento, de extrema pobreza y la falta de perspectivas de las comunidades indígenas del Paraguay que viven errantes en su territorio ancestral.
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‘Recuerdo Súbito’ es la descripción de una vieja foto en el álbum familiar de Julián Rincón; es la historia de una fotografía que puede parecer un hecho banal. Pero ese momento no existiría tal como está representado.
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